martes, marzo 20, 2012

SIEMPRE PODRÁS CONTAR CONMIGO

«SIEMPRE PODRÁS CONTAR CONMIGO»



El 7 de diciembre de 1988, a las 11:41 de la mañana, el país de Armenia fue sacudido por dos terribles terremotos. En el espacio de cuatro minutos dejaron un saldo de más de veinticinco mil muertos. Por lo menos diecisiete mil de los que perecieron eran niños y adolescentes que se encontraban en la escuela.
En medio de la devastación y del caos, un hombre corrió a la escuela donde estudiaba su hijo, pero la encontró derrumbada. En eso recordó la promesa que le había hecho a su hijo: «¡Pase lo que pase, siempre podrás contar conmigo!», e hizo un gran esfuerzo por contener las lágrimas porque tenía que armarse de valor.
Se apresuró hacia la parte del edificio en que se encontraba el aula del niño, donde lo dejaba cada mañana que lo llevaba a la escuela, y allí comenzó a cavar desesperadamente entre los escombros. Mientras cavaba, iban llegando padres angustiados que gritaban:
—¡Ay, mi hijo, mi hija!
Y se deshacían en llanto.
El capitán de los bomberos le advirtió:
—Con las explosiones y los incendios que se están dando por todas partes, está usted corriendo peligro. Deje que nosotros nos encarguemos de esto.
Pero aquel padre no le hizo caso, sino que volvió a la tarea de cavar en busca de su hijo, quitando una piedra tras otra. Cavó ocho horas... doce... veinticuatro... y finalmente, después de treinta y ocho horas de arduo trabajo, levantó un bloque de concreto y oyó la voz de su hijo.
—¡Armando! —gritó el padre.
—¿Papá? ¡Estoy aquí, papá! Yo les dije a los otros niños que no se preocuparan, que si tú estabas vivo, me rescatarías a mí y ellos se salvarían también. Porque tú me prometiste: «¡Pase lo que pase, siempre podrás contar conmigo!» ¡Y lo cumpliste, papá!
—¿Cómo están, Armando?
—Aquí estamos catorce de los treinta y tres que había en mi clase, papá. Tenemos miedo, hambre y sed. Pero ante todo, nos alegramos de que nos encontraste. Cuando se derrumbó el edificio, se formó como un triángulo alrededor de nosotros, y eso nos salvó.
—¡Ya puedes salir, hijo!
—No, papá. Que salgan los otros primero. ¡Pase lo que pase, yo sé que siempre podré contar contigo!1

Eso mismo sentimos los que tenemos a Dios por nuestro Padre celestial. Así como lo expresó el salmista David, también nosotros podemos decir: «El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; / es mi Dios, el peñasco en que me refugio. / Es mi escudo, el poder que me salva, / ¡mi más alto escondite!... / La tierra tembló, se estremeció; / se sacudieron los cimientos de los montes.... / Extendiendo su mano desde lo alto, / tomó la mía y me sacó... a un amplio espacio; / me libró porque se agradó de mí.... / la palabra del Señor es intachable. / Escudo es Dios a los que en él se refugian.... / ¡Cuánto te amo, Señor, fuerza mía!»2

HASTA DÓNDE DEBO LLEGAR POR AMOR A MI FAMILIA

«¿HASTA DÓNDE DEBO LLEGAR POR AMOR A MI FAMILIA?»


Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:
«Un día mi esposa, después de seis años de matrimonio, me llamó aparte y me dijo que se quería separar. Dijo que quería su parte de las propiedades. Todo como me lo pidió se lo di. No le importó que al llevarse la mitad de los negocios, yo iba a la ruina. Igual se los entregué.
»Con el tiempo, todo lo perdió... Yo entonces le pedí que volviera a casa. Sé bien que no me quiere. Ella me lo dijo muchas veces. Pero ahora mi hijo es feliz otra vez.
»¿Vale la pena mantener el hogar cuando sólo yo tengo amor en mi corazón? ¿Hasta dónde debo llegar por amor a mi familia...?»
Este es el consejo que le dimos:
«Estimado amigo:
»Lo felicitamos por ser un hombre con entereza de carácter, más interesado en el bienestar de su hijo que en el suyo. Ese es un rasgo excepcional en estos tiempos en que vivimos. De veras es encomiable que usted esté dispuesto a sacrificar su propia felicidad a fin de que su hijo pueda crecer feliz....
»¿Se ha portado mal su esposa? ¡Claro que sí! De ninguna manera justificamos lo que ella ha hecho. ¿Ha sido esta una terrible experiencia para usted? Sin lugar a dudas. Pero usted ha reconocido sabiamente que su hijo no debe tener que sufrir a causa de los errores de la mamá.
»El carácter que usted ha mostrado al estar dispuesto a perdonar una y otra vez es como el de nuestro Padre celestial. De hecho, hay una historia que forma parte de la Biblia porque Dios quiso enseñarnos lo mucho que está dispuesto a perdonarnos y a darnos otra oportunidad cuando lo hemos herido repetidamente. Es la historia de Oseas, que se casó con una mujer que lo abandonó a él y a sus tres hijos una y otra vez, y hasta le fue infiel. Pero Dios le dijo a Oseas que volviera a mostrarle amor a su esposa,1 y Oseas lo hizo, quizá porque Dios se lo dijo, y quizá porque sabía que era lo mejor para sus hijos.
»Muchos afirman que aman a Dios. Le piden favores y claman a Él cuando están en apuros, pero nunca han sentido devoción por Él. Nunca lo han amado tanto como para que sea parte importante de su vida diaria. Por el contrario, se aprovechan de Él para satisfacer sus propias necesidades, tal como su esposa está haciendo con usted. Y con todo Dios sigue dispuesto a amarlos y a tener una relación personal con ellos. Él les perdonará los pecados cuando se lo pidan, gracias al sacrificio de su Hijo Jesucristo en la cruz.
»Tal vez su esposa no le haya pedido a usted perdón. Y tal vez ella no haya reconocido siquiera que se ha portado mal. Pero cuando usted sigue amándola y mostrándole cariño, le está dando un ejemplo piadoso a su hijo. Y de aquí a que él sea adulto, es posible que esa mujer que es esposa suya y madre de él haya cambiado su actitud y su comportamiento como resultado del amor que usted le ha mostrado.
»¡Le deseamos que sea feliz!
»Linda y Carlos Rey

 
@camferleonreyes

"Si sirves a la naturaleza, ella te servirá a ti."

"Si sirves a la naturaleza, ella te servirá a ti."